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GUÍA Nº 2

GUÍA Nº : 2

Subsector: Lenguaje y Comunicación

Unidad    : Discurso Expositivo

 

FORMAS BÁSICAS DEL DISCURSO EXPOSITIVO

 Como sabes, el discurso expositivo tiene la intención comunicativa de informar, es decir, su principal objetivo es transmitir e intercambiar conocimientos. Lo que predomina en el discurso expositivo es la información acerca de una diversidad de temas, hechos, personas, situaciones, etc., que se explican o se exponen a fin de que un receptor comprenda los contenidos hasta entonces desconocidos total o parcialmente por él. En ese sentido, se dice que hay un predominio de la función referencial del lenguaje, pues al hacer uso de este tipo de discurso hacemos referencia situaciones, temáticas, personas, o hechos determinados. El discurso expositivo se desenvuelve a través de distintas formas o modos de expresión que se conocen como formas básicas del discurso expositivo.

 

Concretamente, consisten en ciertas unidades o  estructuras discursivas que se emplean para exponer de distintos modos la información que se está transmitiendo. Las formas básicas de este tipo de discurso son: la definición, la descripción, la caracterización, la narración y el discurso del comentario.

 

Así como el discurso expositivo mismo, sus formas básicas pueden estar circunscritas en otros tipos de discursos, como el dialógico. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando en una conversación entre amigos uno de ellos le da al otro la definición de un término que acaba de conocer. Precisamente, la definición es una de las formas básicas del discurso expositivo, pero en ese caso estaría enmarcada dentro de la conversación, es decir, dentro de un tipo de discurso dialógico.

 

Podemos encontrar manifestaciones de estas formas básicas del discurso expositivo en un sinnúmero de textos y situaciones de comunicación. Algunos ejemplos son: cartas entre familiares, informes de rendimiento escolar, reportajes sobre algún tema de interés público, noticias que den cuenta de un hecho, conversaciones entre amigos, charlas sobre temas de diversa índole, reuniones formales o informales, instrucciones para hacer funcionar algún artefacto nuevo, declaraciones públicas, definiciones de diccionarios y enciclopedias, textos escolares, documentos oficiales, etc.

Veamos con mayor detalle en qué consiste cada una de las formas básicas del discurso expositivo.

 

1)      Definición: se refiere a los rasgos constitutivos o esenciales (generales) de los objetos y  seres vivos.

2)      Descripción: expone de modo objetivo los elementos distintivos (particulares y específicos) que permiten identificar un objeto o ser vivo en especial.

3)      Caracterización: entrega información sobre los rasgos de personas, personajes o figuras personalizadas. La caracterización, además, suele incorporar el factor de la subjetividad, por lo tanto el emisor, al referirse a estos sujetos, emite un juicio acerca de ellos.

4)      Narración: consiste en relatar hechos o situaciones sucesivas y organizarlas en una secuencia temporal.

 

Algunas de estas formas básicas estarán estrechamente relacionadas con la exposición de hechos, mientras otras lo estarán con la manifestación de opiniones, puntos de vista, comentarios, etc. El discurso del comentario y la caracterización son ejemplos claros de este último caso. En cambio, la definición, la descripción y generalmente la narración responderán a la exposición de hechos y datos objetivos sin que haya una exhibición por parte del emisor de sus puntos de vista ni opiniones personales.

 

Por otra parte, debes tener claro que estas cinco formas básicas no son exclusivas del discurso expositivo, ya que todas pueden obedecer a otras finalidades. Cuando la finalidad de estas formas básicas es informar, se las entiende como formas básicas del discurso expositivo. A su vez, la utilización de cada una de estas formas estará relacionada a la intención comunicativa del emisor.

 

Ahora veamos ejemplos concretos de cada una de las formas básicas del discurso expositivo que hemos mencionado. 

 

 

La fase total es breve, aunque el paulatino proceso de ocultación de globo solar y su posterior reaparición se prolonga por espacio de unas horas. El fenómeno es solamente observable en los lugares de la Tierra por donde transcurre la proyección de la sombra que arroja la Luna a causa de la luz solar. Debido a los movimientos combinados de nuestro satélite y la rotación terrestre, la sombra produce un barrido y traza sobre la superficie terrestre la denominada trayectoria de totalidad, que comprende todas las zonas de la Tierra desde las cuales el eclipse se percibe como total. Esta banda de oscuridad puede alcanzar como máximo 320 Km. de anchura, aunque se prolonga entre 12.000 y 14.000 Km., menos de un 0,5% de la superficie terrestre. Rodeando a este cinturón se encuentra una amplia extensión de sombra penumbra que puede llegar a 8.000 Km. de anchura, desde la cual se contempla el eclipse como parcial, tanto más cuanto más alejado se encuentre el observador de la trayectoria de totalidad.

 

La duración máxima de un eclipse total de Sol en el Ecuador alcanza 4,5 horas, ocupando la fase de totalidad menos de ocho minutos. Para latitudes medias estas cifras se reducen a 3,5 horas y 6 minutos, respectivamente y menos aún para las regiones polares, donde la totalidad, en el mejor de los casos, apenas rebasa los tres minutos.  

 

 

El texto anterior responde a una descripción general de los eclipses totales de Sol, pues expone de modo objetivo los elementos y sucesos distintivos que permiten identificar y reconocer dicho fenómeno.

 

Basándonos en las descripciones de James Bond a los largo de las novelas de Fleming, el agente 007 tiene una planta esbelta impecable, mide 1,83 cm. y pesa 76 kilos, además de un atractivo y un misterio y profundidad en sus rasgos, hipnóticos.

 

Bond tiene el pelo negro, peinado hacia la izquierda de forma descuidada, con un mechón rebelde que cae sobre su frente. Sus ojos grises, grandes e iguales bajo sus cejas rectas más bien largas y negras, le confieren una mirada calmada e irónica. Bajo su nariz larga y recta, un pequeño labio superior perfila una boca amplia y finamente dibujada, aunque cruel. Su rostro, de piel morena tostada por el sol, termina en una barbilla de línea recta y firme.

 

En cuanto a rasgos característicos encontramos una delgada cicatriz de tres pulgadas en la mejilla derecha, otra en el hombro izquierdo, y señales de cirugía plástica en el dorso de la mano derecha.

 

En este caso, estamos claramente frente a una caracterización, pues se está haciendo referencia al personaje de James Bond, más conocido como el Agente 007, y a los rasgos físicos y aspectos que lo identifican.

 

 

Un chiste es una pequeña historia o una serie corta de palabras, hablada o comunicada con la intención de hacer reír al oyente o lector. Normalmente tiene fines humorísticos aunque hay chistes con connotaciones políticas, rivalidades deportivas, etc.

 

Un cometa es un “astro generalmente formado por un núcleo poco denso y una atmósfera luminosa que le precede, le envuelve o le sigue, según su posición respecto del Sol, y que describe una órbita muy excéntrica.”

 

 

Como seguramente ya advertiste, en ambos casos estamos frente a ejemplos de definiciones, pues se hace referencia a las propiedades o rasgos constitutivos tanto del chiste, como del cometa. En el primer caso la fuente es una enciclopedia y en el segundo un diccionario, ambos tipos de textos donde encontraremos definiciones fácilmente, pues ellos (principalmente los diccionarios), están constituidos por esta forma discursiva.

 

 

Por término medio, los gnomos miden unos noventa centímetros y miden entre veinte y veinticinco kilogramos. Las hembras son igual de corpulentas que los varones. Todos ellos tienen la tez oscura, el cabello liso y largo, ojos azul porcelana o violáceos y unas dentaduras sorprendentemente regulares, sin caries ni cavidades. Los hombres lucen unas esponjosas barbas y mostachos, mientras que las mujeres son lampiñas. En ambos sexos, las arrugas faciales hacen acto de presencia a los cincuenta años. Son bajitos y rechonchos, pero también ágiles de movimientos, y poseen unas manos finas, hábiles y firmes. Recalquemos, por último, sus orejas redondeadas y ancha nariz.

 

En registro y timbre vocal apenas difieren de los humanos, pero su voz suena un poco más gangosa. Hablan mucho y de forma atropellada, juntando palabras en frases infinitas hilvanadas por conjunciones o locuciones tales como y, así pues, en cualquier caso, pero, o, por consiguiente, entonces y otras. Son capaces de hablar y escuchar al mismo tiempo. Si coinciden dos gnomos en la calle, cada uno soltará su verborrea frente al otro hasta haber terminado, y durante el diálogo contestará las preguntas del interlocutor sin interrumpir su propio hilo. Han aprendido a expresarse con mayor lentitud y claridad siempre que se dirigen a alguien de otra raza, de una manera que algunas personas juzgan a la vez fingidamente condescendiente e irritante. De estar asustado, asombrado o deprimido, un gnomo se comunicará mediante oraciones mucho más cortas.

 

Al igual que en el caso del agente secreto James Bond, en este texto estamos frente a una caracterización, pero esta vez de personajes mitológico, los gnomos. De este modo, el emisor del mensaje nos transmite sus conocimientos acerca de estos seres, principalmente de los rasgos físicos de los gnomos, señalando sus principales características.

 

 

La historia los conoce como vehículos toscos de dos ruedas propulsados por los pies que eran corrientes en los primeros años de la segunda mitad del siglo XVII. En 1690, un francés inventó la “célerifère”, que consistía en un bastidor de madera al que se añadían las ruedas. El vehículo no tenía manillar; el asiento era una almohadilla en el bastidor y se propulsaba y dirigía impulsando los pies contra el suelo. En 1816, un noble alemán diseñó el primer vehículo de dos ruedas con dispositivo de dirección. Esta máquina denominada “Draisiana” (en honor a su inventor), tenía un manillar que pivotaba sobre el cuadro, permitiendo el giro de la rueda delantera. Después inventores franceses, alemanes y británicos introdujeron mejoras. En Inglaterra, estos primeros modelos se conocieron como balancines; el  nombre de “dandy horse” quedó para el vehículo inventado en 1818. El balancín era más ligero que la draisiana y tenía un asiento ajustable y un apoyo para el codo. Fue patentado en Estados Unidos en 1819, pero suscitó poco interés. En 1839, el escocés Kirkpatrick Macmillan añadió las palancas de conducción y los pedales a una máquina del tipo de la draisiana. Estas innovaciones permitieron al ciclista impulsar la máquina con los pies y sin tocar el suelo. El mecanismo de impulsión consistía en pedales cortos fijos al cubo de la rueda de atrás y conectados por barras de palancas largas, que se encajaban al cuadro en la parte superior de la máquina. Las barras de conexión se unían a las palancas a casi 1/3 de su longitud desde los pedales. La máquina era impulsada por el empuje de los pies hacia abajo y hacia adelante. En 1846, un modelo mejorado de esta máquina, diseñado por un escocés, tomó el nombre de “dalzell”, muy utilizado en Gran Bretaña.

 

El precursor directo de la bicicleta moderna fue el modelo francés dirigido por manivela, velocípedo de pedaleo sin presión, que se hizo popular en Francia hacia 1855. El cuadro y las ruedas se fabricaban en madera. Los neumáticos eran de hierro y los pedales estaban colocados en el cubo de la rueda delantera o del conductor, que era un poco más alta que la rueda de atrás. En Gran Bretaña esta máquina era conocida como el “Quebrantahuesos”, a causa de sus vibraciones cuando circulaba sobre carreteras pedregosas o en calles adoquinadas.

 

 

Si bien en este texto encontramos una serie de descripciones de distintos artefactos, tiene por finalidad ofrecer una visión histórica del surgimiento de lo que luego sería la bicicleta. En este sentido, y si te fijas bien, hay una narración de hechos que explican la evolución de la máquina desde la segunda mitad del siglo XVII hasta la segunda mitad del XIX. La principal marca discursiva que nos permite advertir que estamos frente a una narración, es decir, ante la referencia a hechos que acontecieron y se desarrollaron en una secuencia a través del tiempo, es la mención explícita a los años y a los adelantos asociados a ellos.

 

 

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